Chile y RUV

Chile es un país con paisajes desérticos y ofertas de ocio en las que el sol y las actividades al aire libre juegan un papel protagónico y atraen a miles de turistas cada año. Un país con una pujante industria minera, una gran riqueza de cobre, donde diversas empresas del ramo tienen miles de trabajadores contratados para la explotación de este rubro, ubicados en pleno desierto o a grandes alturas sobre el nivel del mar. Por ello, tratar de compatibilizar estas actividades socioeconómicas con una política activa encaminada a reducir los casos de cáncer de piel y con un costo reducido para el sistema público se hace indispensable.

Diversas instituciones han implementado redes nacionales de observación y vigilancia del ozono estratosférico y de la Radiación UV en tiempo real, desarrollándose además modelos de predicción de la Radiación, que se encuentran totalmente operativos y cuya información es diariamente difundida a los distintos medios de comunicación.

Gracias a estas informaciones, los ciudadanos comunes están ya familiarizados con los términos internacionales de Radiación Ultravioleta, tal como el Índice de Radiación Ultravioleta (UVI). Diversas instituciones como la Corporación Nacional del Cáncer (CONAC), la Universidad de Santiago (USACH), la Universidad Técnica Federico Santa María (UTFSM) y el Instituto Nacional de Meteorología (INM), realizan grandes esfuerzos para medir, difundir y explicar a la población la información técnica sobre la radiación UV y sus efectos, así como sobre las adecuadas medidas de protección.

En la actualidad disponemos de suficiente información que justifica  ampliamente el uso de fotoprotección como un hábito regular de prevención de los daños ocasionados por la acción de la radiación ultravioleta. Independiente de la cantidad de radiación recibida en un sitio geográfico, los efectos reflectivos de la radiación son nocivos para la piel.

La piel del ser humano cuenta con células que tienen memoria, capaces de reconocer, asimilar y guardar la información de los efectos producidos por la radiación. De esta manera, es más fácil comprender por qué la formación tumoral se produce años más tarde de la exposición repetida y acumulativa, por lo que el cuidar la piel desde etapas tempranas, cultivando hábitos correctos de fotoprotección, es una tarea imprescindible.

La Radiación Ultravioleta B produce efectos agudos, que se manifiestan rápidamente como eritema y signos inflamatorios. La Radiación Ultravioleta A (UVA) por su parte, tiene efectos lentos, acumulativos y poco notorios clínicamente. Penetra profundamente en la piel alcanzando la dermis profunda y generando cambios irreversibles sobre las células, el efecto de la Radiación Ultravioleta A (UVA) es un factor determinante de la expresión de neoplasias y depresión inmunológica en la piel.

Es por ello, que la elección del fotoprotector adecuado es fundamental. Las propiedades químicas de los principios activos que componen los filtros solares, deben garantizar la acción protectora tanto en el espectro UVA como UVB. Un fotoprotector eficaz debe demostrar fotoestabilidad de sus principios activos para mantener el efecto protector aún luego de la exposición a altas dosis de irradiación.

Aunque las campañas informativas realizadas en los últimos años han contribuido a extender la cultura de la fotoprotección en la población, no es menos cierto el hecho que todavía existe la necesidad de aprender a utilizar correctamente los protectores solares, es decir, a utilizarlos en las dosis y el modo adecuado y seleccionar el fotoprotector idóneo para cada tipo de piel.

De hecho, el concepto de fotoprotección no cumplirá sus objetivos más nobles, sí la técnica de aplicación y las características del fotoprotector no son las ideales. Para el Dr. Thomas Fitzpatrick, considerado el padre de la dermatología moderna, el fotoprotector ideal debe ser aquel que garantice una fotoprotección en todo el espectro ultravioleta, permitiendo además la protección de toda la superficie corporal, y sin demostrar efectos adversos.

Ante el incontrolable deterioro de las condiciones atmosféricas, existe un incremento de las tasas de enfermedades neoplásicas de la piel en pacientes más jóvenes. Por ello, las nuevas líneas de investigación en fotobiología se orientan a encontrar respuestas para evitar los daños acumulativos de la radiación solar, en un mundo donde se han incrementado las expectativas de vida, y donde cada vez cobra más importancia la salud de la piel.

Según la Corporación Nacional del Cáncer (CONAC), la tasa de melanoma maligno se incrementó en los habitantes de Santiago en un 158 por ciento desde 1992 a 1998. En la II Región, la mortalidad por cáncer a la piel es de 3,7 por cada 100 mil habitantes, superando largamente la tasa de la Región Metropolitana, que alcanza a 1,04 personas por cada 100 mil habitantes.

Estudios de la CONAC señalan que debido al adelgazamiento de la capa de ozono, en Chile un joven a los 18 años ha tomado todo el sol que debió distribuirse en 50 años y ha absorbido ya el 80 por ciento de la radiación solar que debía haber recibido en toda su vida.

Estudios mundiales y del país precisan que de cada 100 casos de tumores malignos, 4 a 5 corresponden a tumores de piel, indicador que en el ámbito mundial es constante. En la Segunda Región en cambio, de cada cien casos de cáncer diagnosticados, 37 se localizan en la piel y cuatro de ellos llevan a la muerte del paciente. El índice de mortalidad por melanoma supera las estadísticas nacionales, con 3,7 enfermos por cada cien mil habitantes. El riesgo de morir por cáncer de piel de un habitante de esta región es 2,4 veces mayor que el riesgo que tienen las personas que viven en otras latitudes del país.

Hay evidencias que ciertos cánceres de piel se relacionan más con la cantidad de radiación solar recibida durante la infancia que con la recibida durante la vida adulta. Por esto, durante los períodos de radiación elevada los menores deben usar lentes de sol, sombrero, ropa y filtros solares, recordando que los fotoprotectores no pueden evitar todos los efectos nocivos de la radiación UV, por lo que las prolongadas exposiciones al sol no son aconsejables aunque no se quemen.

En Chile la situación es grave, pues se calcula que 10 de cada 100 mil chilenos padece de cáncer de piel. Para los niños el cuadro es más crítico por cuanto se estima que el riesgo a lo largo de su vida se incrementa del 10% al 16%, debido a que los efectos provocados por el sol son acumulativos y pueden tardar hasta 20 años en manifestarse. Los jóvenes en tanto, muchos de ellos asiduos a los “bronceados fascinantes”, son también susceptibles, con un aumento anual del cáncer de piel en ese rango etario del 12 al 20%.

Las recomendaciones particulares dependen del índice UV del día y del tipo de piel. Mientras más radiación UV acumule una persona, más posibilidades tendrá de desarrollar un cáncer.

El territorio nacional se extiende desde una latitud de aproximadamente 17.5° S por el norte del país hasta el territorio Antártico Chileno, lo que significa que la inclinación de los rayos solares a una hora determinada es muy diferente entre las regiones más septentrionales y las más meridionales. Esta circunstancia, junto al hecho de que Chile es un país muy montañoso y a la vez posee miles de kilómetros de costas y uno de los desiertos más áridos del mundo con cielos muy transparentes (con numerosas e importantes poblaciones situadas al nivel del mar y al interior del continente), hace que las variaciones de este índice a una hora determinada muestre grandes diferencias entre unos lugares y otros. 
Las conclusiones más relevantes son las siguientes:

En los meses de verano, el norte de Chile presenta los más altos índices de radiación UV del país, e incluso a nivel mundial.

Por cada 1000 m de altura sobre el nivel del mar, la radiación se incrementa en un 8%. En aquellos lugares, en donde existen faenas mineras o industriales, a gran altitud, los trabajadores que realizan labores a pleno sol, se exponen a una radiación mayor.

Investigaciones muestran que dichas radiaciones han aumentado, respecto de años anteriores.

Investigaciones muestran que el índice de mortalidad por cáncer a la piel (melanomas) en la segunda región es 2,4 veces mayor que el riesgo que tienen las personas que viven en otras latitudes del país.

Estudios mundiales y del país precisan que de cada 100 casos de tumores malignos, 4 a 5 corresponden a tumores de piel, indicador que en el ámbito mundial es constante. En cambio, en la Segunda Región, de cada 100 casos similares, 37 corresponden a patología de piel.

En los últimos años, en Chile, existe un creciente interés, por lo menos en el ámbito académico (Universidades) y de salud (CONAC), por abordar este tema.

Existe en Chile una red de monitoreo de la radiación UV, desde Arica a la Antártica. Sin embargo, no se tiene conocimiento de que empresas mineras, industriales o de turismo, cuyos trabajadores trabajen a pleno sol, dispongan de equipamiento para medir la radiación UV a que se exponen sus trabajadores.

En Chile se construye y comercializa un equipo que mide radiación ultravioleta UV-A y UV-B, además de entregar el Índice UV en tiempo real. Construido por la USACH y utilizado por CONAC, el equipo indica además el factor de protección solar necesario. Puede ser usado por instituciones, empresas, o redes y es una alternativa de bajo costo a otros sensores ultravioleta disponibles en el mercado.

Las telas que se utilizan para la confección de uniformes o ropa de trabajo, en general, presentan una buena respuesta en el espectro de longitudes de onda de la radiación UV-B, con valores superiores a 3,0. La peor respuesta la tiene la popelina con valores inferiores a 2,0.

Las cremas protectoras cuyo factor es mayor que 15, en general, presentan una buena respuesta en el espectro de longitudes de onda de la radiación UV-B, con valores superiores a 3,0.

Todos los lentes, con protección UV, en general presentan una buena respuesta en el espectro de longitudes de onda de la radiación UV-B, con valores superiores a 2,90.

La Ley de Ozono se refiere a la Ley Nº 20.096, que cumple con las obligaciones contraídas por Chile en el Protocolo de Montreal suscrito en 1987, y que compromete a las naciones a reducir sus emisiones de gases clorofluorocarbones (CFC), halones y bromuro de metilo, cuya presencia en la atmósfera es considerada la principal causa del adelgazamiento en la capa de ozono.

Entre otras exigencia, la ley establece que:

Los bloqueadores, anteojos y otros productos protectores de las quemaduras solares, deberán llevar indicaciones que señalen el factor de protección relativo a la equivalencia del tiempo de exposición a la radiación ultravioleta nociva sin protector, señalando su efectividad ante diferentes grados de deterioro de la capa de ozono.

Los instrumentos y artefactos que emitan radiación ultravioleta nociva, tales como lámparas o ampolletas, deberán incluir en sus especificaciones técnicas o etiquetas, una advertencia respecto a los riesgos en la salud de las personas.

Será obligación etiquetar los productos controlados por el Protocolo de Montreal y que no estén prohibidos por esta ley, con un aviso que diga: “Advertencia, este producto deteriora la capa de ozono”. Los informes meteorológicos que a diario emiten los canales de televisión, prensa escrita, radio e Internet, deberán incluir antecedentes acerca de los niveles de radiación ultravioleta y de los riesgos asociados para la población.

Los empleadores deberán adoptar todas las medidas necesarias para proteger a sus trabajadores cuando puedan estar expuestos a radiación ultravioleta nociva. Para ello, los contratos de trabajo o reglamentos internos de las empresas, según sea el caso, deberán especificar el uso de los elementos protectores correspondientes, según el Reglamento sobre Condiciones Sanitarias y Ambientales Básicas en los Lugares de Trabajo.

Uno o más decretos darán cuenta de las sustancias y productos controlados cuya importación y exportación estarán prohibidas según el Protocolo de Montreal y establecerán el calendario y plazos para la vigencia de dichas prohibiciones, así como los respectivos volúmenes de importación y exportación anuales para el tiempo intermedio y los criterios para su distribución.