En el ámbito de la prevención de riesgos, el invierno suele asociarse principalmente a la hipotermia, virosis o accidentes por superficies resbaladizas. Sin embargo, existe un riesgo silencioso que afecta diariamente la productividad y el bienestar en terreno: el deterioro de la barrera cutánea por exposición a condiciones ambientales extremas.
Las manos y el rostro son las zonas más vulnerables de la economía corporal. Al ser nuestras herramientas directas de trabajo, su cuidado no responde a un estándar estético, sino a una estricta necesidad de seguridad ocupacional. Revisa a continuación nuestras recomendaciones de cuidado para manos y rostro en faena.
1. La Fisiología del Daño: ¿Qué le sucede a la piel con temperaturas bajo cero?
Para entender por qué son necesarias estas pautas, primero debemos comprender cómo reacciona el tejido dérmico al clima invernal:
- Vasoconstricción periférica: Ante el descenso térmico, el organismo prioriza el calor en los órganos vitales reduciendo el flujo sanguíneo periférico. La piel recibe menos oxígeno y nutrientes, lo que ralentiza su capacidad de autorreparación y la vuelve más tirante, menos elástica.
- Pérdida de agua transepidérmica (TEWL): El aire frío y de alta montaña es seco. Al disminuir la humedad ambiental, aumenta la evaporación del agua en el estrato córneo.
2. Los riesgos críticos en terreno
- El Mito de los Guantes: Aunque el uso de guantes es obligatorio, en el caso de guantes de látex, nitrilo u otros ajustados produce roce mecánico constante, retiene el sudor (maceración) y al agregar los cambios térmicos bruscos crean el escenario perfecto para el desarrollo de dermatitis de contacto.
- Puertas de Entrada Biológicas: Una piel agrietada rompe su función de barrera. Esto constituye una vía de ingreso para patógenos (infecciones) y eleva el riesgo de absorción percutánea de agentes químicos nocivos, hidrocarburos o minerales.
- El «Efecto Albedo» y la RUV: En zonas de alta montaña o con presencia de nieve, la reflectancia superficial (albedo) incrementa el impacto de la radiación UV hasta en un 90%. El frío camufla la percepción térmica del eritema, pero el daño acumulativo al ADN celular persiste, aumentando el riesgo de cáncer de piel.
3. Recomendaciones técnicas de cuidado en 3 pasos
Como prevencionistas, debemos promover estas pautas de cuidado diario bajo el marco de la Ley 16.744 y la Guía Técnica RUV del MINSAL:
- Paso 1: Preparación (antes del turno): Higiene con limpiadores sustitutos del jabón tipo Syndet (evitando agua a altas temperaturas que barre los aceites naturales). Aplicación de una emulsión protectora especializada de grado profesional (como Dermablock Emulsión) en manos y rostro para mitigar agentes externos irritantes.
- Paso 2: Durante el turno (mantenimiento): Reaplicación obligatoria de fotoprotector profesional de amplio espectro (como Sunwork) cada 2 o 3 horas, intensificando la frecuencia en altitudes geográficas elevadas. Fomentar el uso, (cuando están indicadas) de balaclavas textiles que protejan el rostro sin empañar los lentes de seguridad.
- Paso 3: Recuperación (Post-Turno): Aplicación de cremas reparadoras ricas en urea, ceramidas o vitamina E para acelerar el sellado de las microlesiones generadas por el estrés ambiental del día.
A través del programa Sunwork Educa, los departamentos de prevención de riesgos disponen de material técnico y pedagógico para capacitar a los comités y cuadrillas, transformando la fotoprotección invernal en un hábito diario. ¡Cuidar la piel de la primera línea laboral es proteger la continuidad operacional!
